Artesanos

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Maximiano Ochante, es maestro retablista;  paso su niñez en el convento de Santa Clara, Ayacucho, debido a que su padre trabajaba allí. Él apoyó en las labores de la iglesia hasta que tuvo 19 años de edad, momento en que dejó Ayacucho.

Sus padres tenían claro que la tradición de su familia estaba en la prédica del evangelio. Pero como Maximiano Ochante era conciente de su poca habilidad como orador, encontró una forma totalmente distinta de expresarse. Él estaba convencido de que sus manos lo llevarían también a manifestar su fe por medio de los retablos y que así llegaría al mismo fin que cumplieron sus antepasados, padres y hermanos. Maximiano se relacionó con el arte desde muy pequeño. A los 10 años siguió un curso vacacional en una escuela de artesanía en Huamanga como alumno libre. Su duración fue muy breve, pero suficiente para motivarlo.

Luego se preocupó por aprender más acerca de los retablos. Tuvo como maestro a Mardonio López, hijo del gran retablista Joaquín López Antay, quien le dio las pautas básicas relacionadas con la preparación de la masa y el tipo de pinturas que debía utilizar. El resto de sus conocimientos sobre los retablos los adquirió de manera autodidacta. Uno de los problemas de los artistas populares en ese tiempo era, al igual que ahora, la falta de apoyo económico y de oportunidades. Ello, junto con el terrorismo y la poca rentabilidad de su trabajo, lo empujó a viajar a Lima en 1980, con la idea clara de labrarse un futuro mejor.

Al no tener dinero suficiente para estudiar, comenzó a confeccionar juegos de ajedrez con personajes de los incas y españoles, así como retablos que él mismo ofrecía a los turistas. Más tarde se contactó con galerías de arte, que al ver la belleza de sus trabajos empezaron a venderlos en el Centro de Lima, con lo que logró hacerse conocido en muy poco tiempo.

Siempre confiado en la habilidad de sus manos, decidió estudiar para ser mecánico dental. En aquel tiempo se dio cuenta de la cantidad de posibilidades que tenía, más allá de las formas dentales que elaboraba.

Así, luego de mucho sacrificio, llegó a ganar el primer puesto del premio Inti Raymi en las ediciones de 1995 y 1997. A partir de esos y otros reconocimientos empezó a ser reconocido por especialistas europeos como un talentoso representante de nuestro arte popular. Ha realizado exposiciones en el Peru y en el extranjero y es un retablista muy reconocido por su arte.

Conservando siempre su amplia sonrisa, Maximiano Ochante vive rodeado de una multitud de figuritas hechas de harina y yeso; algunas pintadas de brillantes colores y otras blancas, listas para ser coloreadas.

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Feriberto Aylas, maestro ceramista, se considera un artista autodidacta que refleja las vivencias de su tierra. Sus piezas muestran su interés por dar a conocer las características de los personajes típicos de su entorno natal, las costumbres de los campesinos, sus fiestas y, en general, la realidad andina. Se inició en la cerámica desde muy pequeño. Recuerda que mientras pastaba a sus animales en el campo fabricaba sus propios juguetes con arcilla, especialmente carritos, a los que completaba con ventanas de vidrio.

A los 8 años visitaba la casa de su maestro Artemio Orellana, quien con paciencia le enseñó los secretos de la artesanía. Un breve paso de aprendizaje por un centro técnico de su pueblo le permitió conocer al ceramista Mamerto Sánchez, que en ese momento era instructor. Vivió en Quinua hasta los 18 años, junto a sus cuatro hermanos. Luego, en 1985, migró a Lima como consecuencia de la difícil situación que pasaba su pueblo y con el propósito de aprender más sobre su especialidad. Así, encontró un nuevo hogar en el distrito de Chorrillos, donde se asentó toda una promoción de ceramistas de Quinua que, ayudándose mutuamente, ha formado una pequeña comunidad ayacuchana.

Entre sus méritos están el haber ganado el primer puesto del premio Inti Raymi en 1994 y haber obtenido el primer puesto en su especialidad en 1997.

Gracias a estos importantes reconocimientos, pudo mostrar sus principales creaciones y aprovechar la oportunidad de dedicarse a la cerámica a tiempo completo. Su primer paso luego de ganar el premio fue instalar su propio taller con el dinero obtenido en el concurso.

En una sola calle podemos encontrar a las familias Orellana, Huasacca y Aylas, todas ellas de notables ceramistas quinuinos. En su taller trabaja acompañado por diez personas que se encargan del horneado y pintado de sus piezas. Para el acabado emplea engobes naturales. Prefiere confeccionar los nacimientos y ángeles. Y, a contracorriente de lo que imponen las nuevas tendencias, Feriberto todavía trabaja con hornos de leña. Pese a que en ocasiones usa hornos eléctricos, prefiere el calor y la coloración especial que el fuego de un horno de leña trasmite a sus obras.

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Roger Martínez Achalma es  maestro retablista y pintor de muebles de madera. Roger nació en Huamanga, Ayacucho, su padre tenía un taller de retablos, donde elaboraban los típicos “Retablos Ayacuchanos”. En el taller aprendió a realizar figuras moldeadas para los retablos, y a pintar diseños tradicionales sobre las cajas de los retablos. Cuando tenía 17 años empezó a trabajar mayor tiempo con su padre,  y un año después se muda a Lima, donde comienza a trabajar por cuenta propia produciendo retablos de diferentes tamaños. En una oportunidad se le solicito realizar pintados decorativos sobre unas muestras de muebles de maderas, las muestras gustaron mucho a los clientes; y este fue el punto de partida como maestro pintor de muebles  de madera.

Actualmente, Roger trabaja con Raymisa  y se encarga de pintar los variados diseños en la línea de muebles de madera para el mercado americano.

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Leonidas Orellana, es proviene de una familia de artesanos, es dueño de una técnica artística creativa y de gran calidad. Seis de sus siete hermanos se dedican también al cultivo del arte popular.

Cuando era pequeño solía visitar junto a sus amigos los alrededores de los restos arqueológicos de la cultura Huari, donde encontraban restos de cerámicas rotas y se divertían imaginando cómo habrían sido las piezas en su forma original. A los 13 años frecuentaba a maestros de la artesanía, Arturo Pizarro y Leoncio Tineo, que lo impactaron por su maestría para representar las expresiones más distintivas de su pueblo, como los toritos de Quinua. Desde ese momento decidió dedicarse a elaborar figuras de arcilla. Con el tiempo perfeccionó su técnica y empezó a elaborar obras de contenido religioso.

Junto a su hermano Javier formó un taller y se dedicaron a confeccionar réplicas de utensilios pertenecientes a la cultura Huari. A los 19 años viajó a Lima, a causa del terrorismo que por esos años se desataba en esa parte del país. Y estando en la capital,

en el distrito de Chorrillos, instaló un taller en casa de su hermano Marcial, en donde empezó a fabricar piezas en miniatura. Pasado un tiempo, pudo alquilar un local en Huertos de Villa y empezó a ensayar algunos cambios en su sistema de trabajo, con lo que obtuvo buenos resultados. Leonidas Orellana considera esta una de sus mejores etapas, porque las ventas de sus productos eran bastante exitosas.

Con el fin de especializarse, decidió estudiar Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Bellas Artes, entre 1986 y 1990. Esta capacitación le ayudó a emplear correctamente los colores vivos sin perder la armonía entre ellos. También siguió otros cursos, como Escultura Contemporánea en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Administración de Empresas en el Instituto Peruano de Administración de Empresas (Ipae). Su formación y su amplitud de criterio le han ayudado a convertir la cerámica tradicional en una rica fuente de recursos.

En su taller laboran quince personas o mas dependiendo de la temporada de pedidos, quienes se encargan de la elaboración de  piezas, realizando  trabajos creativos con toques diferentes. Agradece el apoyo de Inti Raymi y Raymisa, que a lo largo de los últimos años viene apoyando a los nuevos valores del arte popular y trabaja de la mano generando mas pedidos.

Su taller es un buen ejemplo de un ceramista que ha sabido combinar la actividad tradicional con las demandas modernas del mercado internacional, sin dejar de lado su propia identidad.

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Elias Mozombite  Quispe, es tejedor de chompas y accesorios de fibra de alpaca y algodón orgánico en maquina manual, nació en la ciudad de Satipo, en departamento de Junin, viajo a la ciudad de Huancayo  para estudiar su escuela secundaria y  ahí en los últimos años de escuela aprendió a tejer  en las maquinas tejedoras manuales.  Ahí empezó a aprender mas el tejido hasta que en 1990 llego a lima  a visitar a un familiar y se quedo, aquí consiguió trabajo en talleres grandes.

El vive con su esposa  y sus 4 hijos,  3 de ellos están estudiando en la escuela, y su hija mayor trabaja. Sus hijos han aprendido a tejer y realizar platillados pero no les gusta mucho el trabajo en el taller. Su hijo mayor quiere estudiar administración y derrepente de esa forma ayudarle a organizar su taller.

Empezó a trabajar con Raymisa desde hace 6 años,   y desde entonces  recibe pedidos  durante la temporada de trabajo de abril a agosto, al principio los pedidos de Raymisa eran pedidos adicionales, ya que el trabajaba para otras empresas también, y a medida que la relación de trabajo mejoro, empezó a trabajar solo  con Raymisa, realizando las diferentes ordenes de pedidos que se le encargan. Decidió trabajar con Raymisa, debido a que las ordenes de pedido son mas tempranas y vive cerca al taller, así puede venir y coordinar todos sus trabajos. El trabaja con su esposa en el taller, tiene 4 maquinas manuales en su taller y ademas trabaja con grupos de acabadoras, en su taller pueden trabajar entre 6-12 personas. Los pedidos que recibe de Raymisa son muy importantes siendo el principal ingreso para su familia, con esto el puede mandar a sus hijos a la escuela, ver la alimentación y salud.

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